ELIMINEMOS LA SIMULACIÓN DEL FÚTBOL
Basta de engaños, basta de meter la mano en el bolsillo del contrario, basta de ganar con trampa, basta de pensar que la viveza es sana… ¡De una vez por todas tratemos de eliminar la simulación en el fútbol!
Hablo en plural pensando en que varios somos los involucrados y en que más de alguno se puede sumar a esta causa. Sin embargo, sé que la propuesta que planteo es poco populista.
Cada vez que hay una simulación en el fútbol escucho las siguientes frases: “el tipo vivo”, “tiene barrio” o “es mañoso”. Todo se atribuye a la capacidad que tiene el jugador para, a través de la actuación, beneficiarse de un cobro. La idea central, el núcleo de la célula es fingir, confundir, falsificar y mentir, es decir, conseguir que el árbitro se equivoque y sancione a su favor.
¿Qué dijeron los hinchas de Colo Colo cuando Aránguiz simuló un penal en el clásico? Nada, estaban felices por el cobro. ¿Qué dijeron los fanáticos de la U con el piscinazo de Fernández ante La Serena? Nada, sólo disfrutaban el gol de penal. Reacciones entendibles, pero ¿qué sucede cuando es al revés? La rebeldía al “mal cobro” es tremenda. O sea, cuando le meten la mano al bolsillo al vecino no importa, pero cuando te “clavan a ti” el grito se pone en el cielo.
No es que de un día para otro quiera cambiar con esta columna la historia de más de 100 años del fútbol chileno, donde la simulación ha sido una pésima compañera y validada por muchos que la practican, sin embargo, quiero poner la voz de alerta para controlar a este bicharraco que crece y que nadie lo quiere eliminar por miedo a tener una arma menos para ganar.
Basta de robar. Suena duro, pero cuando se le quitan puntos al otro equipo de manera deshonesta la definición es perfecta.


